Diálogo paterno

 

 Ansio que me instruyas, hijo mio, con tu manera de actùar y pensar sin temor a las retentivas y vivencias equìvocas, no para experimentar los aconteceres sino para adquirir destreza y correciones por lo que obremos. Que las distinciones señaladas estampen su forma y modo, sustentando mi afecto sobre tus acciones e impregna el laurel bajo observaciones; convivìr estos años fortuitos de la crónica humana, subsistiendo a la semilla cognitiva del cacùmen benigno y victorioso donde la indulgencia obtenga el estupor del mundo. Desearia que la grandeza fuera el atuendo dócil que viste tu integridad. Mientras, interactuo con este diálogo reflexivo acaricio la sonrisa beneplácita de un niño oriundo de mi pueblo, cobijado con el sol exepcional de mi patria entre simbolos, ventanales y el tricolor, proyectando la luz elemental, el amor sagrado y materno labrado sobre la tierra que nos brinda el fruto genuino, natural y empirico.

 

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