Turquia 1

 Anaforas  en un diálogo

      Congraciado verso en prosa que narras descriptivamente el silencio citadino entre escenas líricas, épicas y dramáticas; realzas con anáfora el veleidoso canto que congenia ante la distinción pública y lo bregado magnificente de los juglares localizados al entorno del pueblo, específicamente por estas prestigiosas calles y avenidas de la ciudad.

Que refieres en tu menester a quienes la asigna gruta fue refugio y el melodioso eco de natura formula la compañía, llegas a tiempo que despejes la letrilla adversa para tu natal rustiquez, exarna y destina el horizonte a proseguir hacia la rampa donde se postula el descubrimiento del navegante Colón  admitiendo los hechos y sus proezas.

Además reverenciar una leyenda al celaje asiduo en azul cerúleo con cual humo ávido sondeas, agregar aquí y allá la orquídea prisma, el bosquejo rotulado, la caudalosa quebrada, matices de coloridos a la espátula contrastan, entre otros.

Venus dibuja sobre el panorama la beldad – luminosa constelación de Saturno y júpiter. Refulge la flacidez del axioma mañanero bajo el diseño colinda el arquitecto universal en nacaradas brisas deslucen la trementina chapuceada a tonalidades con dulzaino ritmo endechas de madrigal ¡Quien regodeará tu complexión! Musa rupestre ornamenta de alcázares, rendir tributo para la escultura tras el soneto cortesano, incide el soez aroma de servil lisonjero contemplando los días y noches algarosos. 

Cuando en la mocedad del ser humano, diplomado de las provincias y principados expones a la sociedad la cantata folclórica que identifica lo tradicional y místico, nadie abrumara tu periplo exuberante diosa romántica, ésta comarca de sombra mísera.

Quizás en el sueño ambicioso de tu adversario más la dignidad conjetura al virtuoso en calcular derivadas; del abismo vituperas su culto doctrinal, a donde la esbelta hidra intimida ¿Cómo recabar el ideal de la esclavitud?

La claudicada aurora de remedo y ambigüedad, cuando la melodía campechana suene el banal idílico, visaje crisolante modera lo fasto, la interpelación usura y se despide en estela de encina, tu dócil citara de aluminio cobijada en facetas tacitas.

La pradera y el rocío murmuran de la floresta coruscante, pasible fuente que disientes la emblemática gratificación fortuita del soñador que concibe ideas y las esparce a culturas civilizadas, avance por el vasto océano pacifico extendiendo los oleajes, divisas la visión ecuánime del hombre cultivando la tierra en espera de su cosecha, temperancia climática, atractivos turísticos turisteando a bordo del carretón.

América Bella que vitorea y pauta el programa de la ruta social “conociendo a gente de otras fronteras” auspiciado por la metáfora lubricante del emporio cristalino.

Venezuela es la patria de América, esposa virtual de Bolívar, del mar Caribe, hijo prodigo tras el seno acogedor, feraz y extasioso ¿Qué sorpresa nos aguarda? ¿Cuánto mide la cima del cielo?

Acrisolar la bahía con la alpargata diamantina ¡Oh! Quien te interpreta don verso en prosa (según los doctos en literatura indican que no existes que son inventos desaforados) y el blanco  hálito de inspirar ofrece la doncella primaveral que fundo su reinado y mansión, si fuese de livianos enojosos tal vez exento de margen ofrendoso laurel estampe la letra cual inserto y posó.

Tiempo absorto, cuánto añore de tu holgura estar inspirado de algún prosista, así mismo las mieses empañaron el son del Yaraví armónico, el afable suelo bucólico labrado en la cuna dadivosa presteza en salarios, de Febo encantado al hacedor de nidales mistos cuan cándida hiel, conducen los platanales y acérrimos serpentinos.

La raudal poesía trémula sea el lirio suscitado y el ananás deduce lo tenue de sus arados, las variantes copias rinden al cambural, también al topocho de azuzantes telares ante el zapotillo ofrece su sombra, la amarillenta valía, un candil tintero sobre su tierno destello renace el bananal, el trigo fragante a caraota y el café que huele acendra de sus retretes helechos manglares ejidos en baúles de frugal. 

 

 

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